Una historia de amor

Hoy voy a contarte una historia. Una historia de amor infinito, una historia de amor corto que dura una eternidad. Ella no sabía qué tipo de amor era El, si era el amor de su vida, o era el amor verdugo de su alma. Ella veía en el lo más puro, la entrega total de dos seres que desde el primer momento que cruzaron miradas se dieron cuenta que habían encontrado el hogar de su corazón. El la amaba tanto que no le importaba el mundo, él estaba dispuesto si era necesario a construir uno solo para los dos. El para ella era su refugio, su calma. El único hombre capaz de ver sus demonios y coexistir con ellos. El amaba su libertad, su espíritu aventurero, su valor. Ella amaba su calidez, su mirada, esa mirada de sol que hacía desaparecer sus días grises. Ellos se amaban a pesar de los obstáculos, a pesar del tiempo, de las heridas causadas por ser tan diferentes. Ellos se amaban porque en el mundo entero no había alguien que los hiciera sentir tan completos como cuando estaban juntos. Ellos se amaban porque de las mil razones que existían para decirse adiós, existía una más grande que todas, el fuego que surge entre amantes, esa llama inapagable que llaman amor. Porque a pesar de haber probado otras bocas y acariciado otros cuerpos, ninguno había sido capaz de borrar esas huellas que ambos habían marcado en sus cuerpos. Ellos estaban dentro el uno del otro, eran la sangre que corría por sus venas. Eran almas gemelas, y no porque fueran iguales sino porque se complementaban. Pero el destino les tenía una prueba y era que no importaba cuanto lucharán siempre habría algo que los separará. Aunque ambos sabían que eran el uno para el otro, su amor era un sacrilegio. Pero entre sueños rotos y promesas incumplidas, ellos juraron amarse, amarse toda una eternidad porque estaban seguros que si no sería en esta vida sería en otra, quizá con labios distintos y cuerpos extraños, pero con el mismo amor, el mismo fuego, y las mismas miradas. Porque era su sueño, porque nunca dos almas se cruzan y se reconocen la una a la otra y se funden dándose cuenta que an encontrado su hogar. Y eso no lo rompe el destino, no lo separara la distancia, ni lo borra el tiempo. Ellos sabían que la fuerza de ese amor fugaz pero infinito, los haría reencontrarse otra vez.