No hay nada más difícil que decir adiós, con los sentimientos a flor de piel. Dicen vive como si fuera el último momento. Por eso cada instante abrazaba tan fuerte, porque lo difícil no es la despedida sino las situaciones que te llevan a decir adiós. Esas noches que te dicen te amo y ya no puedes responder igual porque algo a cambiado, y te limitas a mirar con tristeza y sonreírle porque sabes que estás en un callejón y la salida es una nada más. Porque marcharse a veces no es falta de amor, sino todo lo contrario. Porque a veces hacer lo correcto nos obliga a soltar. Porque cuando una persona no sabe lo que realmente quiere, no puede amar de verdad. No puede ofrecerte más que su propia confusión. Te ancla de dudas. Amar es querer lo mejor para el otro, aliviar sus cargas. Ser consiente que si no puedes quitarle el peso de encima del compromiso que un día adquirió, no queda más que romper lo que los une y aliviar sus cargas. No conozco otra forma de amar que no sea basada en la honestidad, la bondad, el respeto.